Por María Gabriela García
La acción transcurre en un vestuario de club. Esta situación está resuelta desde un literal realismo: la obra propone que los espectadores ingresen a un pequeño espacio, dentro del Club Estrella de Maldonado, en el cual los roperos de metal y los bancos de madera son la única escenografía. Pero, de ese realismo literal, se pega un salto, ya que el club en cuestión no está ubicado en Palermo, sino en un pueblo de 40.000 habitantes, a 500 km de Buenos Aires.
Allí, Hugo, Lucas y Maxi se encuentran, mientras que del otro lado de la puerta se está velando a Matías, un amigo de ellos, que era profesor del club.
En medio de un juego de luces y sombras, entre roperos y baños contiguos, se conforma un espacio original, que implica desarrollar acciones visibles e invisibles para el espectador.
En medio de un juego de luces y sombras, entre roperos y baños contiguos, se conforma un espacio original, que implica desarrollar acciones visibles e invisibles para el espectador.
En ese contexto van apareciendo distintas cuestiones, referidas a la vida de cada uno de los jóvenes. La dosificación de la información acerca de los personajes, sus vidas y conflictos es muy escasa en la primera parte de la obra. Esta situación, que implica silencios encriptados y muchos sobreentendidos, se desarrolla por una delgada y riesgosa línea, que puede conducir a la pérdida de atención por parte de los espectadores.
Pero luego aparecen los datos, casi todos juntos y a borbotones, con lo cual la historia de cada personaje toma entidad y la interacción entre ellos cobra un mayor sentido.
Entonces, se puede asistir al desasosiego de Hugo, que vive en Buenos Aires y a la frustración de Lucas y Maxi, quienes quedaron en el pueblo, definido muy gráficamente como una “hamstera”, en el que los circuitos son repetitivos y parecen convertirse en recorridos concéntricos, que conducen indefectiblemente a la alienación. Con muy buenas actuaciones y con distintos climas, Un hueco permite conectarse con interesantes cuestiones existenciales, con soledades, culpas, dignidades y orgullos.
La muerte de un contemporáneo les hace tomar conciencia de la propia finitud y con alcohol mediante, afloran los pensamientos más crudos sobre sí mismos. En el afuera suena una provocadora música funcional y la hipocresía deambula entre bandejas con sandwiches de cartón y presencias inquietantes.
Ellos se atrincheran en el vestuario, intentan tapar
Con muy buenas actuaciones y con distintos climas, que atraviesan el dolor por la pérdida de Matías, los recuerdos y anécdotas de tiempos pasados, junto con las bromas y chanzas típicas de la relación entre amigos, Un hueco permite conectarse con interesantes cuestiones existenciales, con soledades, culpas, dignidades y orgullos.
Un hueco
Intérpretes: Patricio Aramburu, Nahuel Cano y Alejandro Hener
Fotografía: José Pigu Gómez y Hernán Paulos
Diseño gráfico: Natalia Domato y Alejandro Nul
Diseño de iluminación: Jose Pigu Gómez y Carolina Rolandi
Prensa y producción: Luciana Zylberberg
Asistencia de dirección: Natalia Gutiérrez
Dramaturgia y dirección: Juan Pablo Gómez
Club Estrella de Maldonado, Avenida Juan B. Justo 1439, Ciudad de Buenos Aires, reservas al 155708 5927 o a unhueco@gmail.com, domingos a las 17:00, 19:00 y 20:30, localidades $ 45. 25/09/11 a las 14:00 y 27/09/11 a las 18:30 (VIII Festival Internacional de Buenos Aires FIBA).
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