Por MarìaGabriela Garcìa

Seis actores, nacidos durante los años ’70s y principios de los ‘80s, ahondan en sus pasados. La tarea de reconstrucción se vale de cartas, fotos, grabaciones audiovisuales, libros, revistas, cintas, juguetes, objetos varios, ropas y versiones sobre la vida de sus padres y los contextos de sus propios nacimientos.
Mariano (1972) revisa la manera en que su papá, periodista especializado en automovilismo y militante de la Juventud Peronista, quedó grabado en una cinta casera. Blas (1974), vistiendo sotana, reconstruye la historia de su padre, desde sus días de seminarista hasta el momento en que tomó la decisión de dejar de ser cura. Vanina (1975) desentraña con saco azul, las conductas y el humor cáustico de su progenitor, un hombre de bigotes que salía a trabajar con una valija, ocultando sus actividades como oficial de inteligencia y que un día arribó a su casa con un bebé. Carla (1976) profundiza en las versiones que circundan la muerte de su padre, integrante del ERP. Liza (1981) rememora las condiciones que condujeron a sus padres al exilio. Pablo (1983), integrante de la rama invisible de una familia de famosos, analiza las actitudes de su papá siendo empleado de un banco intervenido por militares.
La directora Lola Arias fue la encargada de darle forma a cada historia, cuyo contenido fue construido junto con el material propio de cada intérprete. Su talento para crear múltiples y originales maneras de recrear la realidad, permite que el espectador acceda a un mundo privado que se cruza con la esfera pública, un territorio de disputa de significado, en el que la reciente historia argentina también es protagonista de la acción. La directora Lola Arias fue la encargada de darle forma a cada historia, cuyo contenido fue construido junto con el material propio de cada intérprete. Su talento para crear múltiples y originales maneras de recrear la realidad, permite que el espectador acceda a un mundo privado que se cruza con la esfera pública, un territorio de disputa de significado, en el que la reciente historia argentina también es protagonista de la acción.
Los actores hacen de sí mismos y el número justo de relatos está intervenido por dispositivos tecnológicos que mediatizan el discurso oral. Remarcar fotos, generar una narración desdoblada con imágenes grabadas y proyectadas que recrean un texto, juxtaponer la imagen propia sobre la de los padres, son algunos de los recursos elegidos, que al ser variados y no redundantes, permiten darle a los documentos una dimensión singular, un sentido que hace a la historia que se quiere contar.
El humor también está presente y es fundamental. Profundizar en experiencias de exilio, persecución y muerte necesita una descompresión y con maestría y adecuación, sin golpes bajos, la directora lo logra.
A su vez, la idea del futuro, aparece encarnada en un niño, que realiza con precisión las acciones que se le proponen y aporta un universo cargado de espontaneidad y ternura, en esa línea de pensamiento, también aparece un futuro sórdido, pero a la vez realista: el abordaje de la propia muerte.
Mi vida después es un espectáculo fuera de lo común, con música y danza en vivo, con variedad de realidades y sueños y sillas y ropas. La propuesta es un trabajo imperdible, estrenado en Europa, que llega a Buenos Aires y se presenta en La Carpintería, un nuevo espacio teatral en el barrio de Abasto.
Mi vida después
Dramaturgia y dirección: Lola Arias
Intérpretes y colaboradores autorales: Blas Arrese Igor, Liza Casullo, Carla Crespo, Vanina Falco, Pablo Lugones, Mariano Speratti y Moreno Speratti da Cunha.
Vestuario: Jazmín Berakha
Escenografía: Ariel Vaccaro
Iluminación: Gonzalo Córdova
Video: Marcos Medici
Música: Ulises Conti
Asesoramiento histórico: Gonzalo Aguilar
Colaboración musical: Lola Arias, y Liza Casullo
Dramaturgista: Sofia Medici
Coreografía: Luciana Acuña
La Carpintería, Jean Jaures 858, ciudad de Buenos Aires, teléfono 4961-5092, viernes a las 20:00 y domingo 18/09/11 a las 15:00, localidades $ 55, $ 35.
Calificación:     
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