La imagen fue un fusil llorando
“Como un Edipo porteño”

Por María Gabriela García

El 1 de febrero de 1931, fue fusilado el anarquista italiano Severino Di Giovanni, en la penitenciaría que estaba ubicada en donde hoy se encuentra la plaza Las Heras. La orden fue dada por el presidente de facto de aquel entonces, el general José Félix Uriburu, luego del golpe militar de septiembre de 1930, fecha desde la cual se re-estableció la pena de muerte. “He venido a limpiar este país de gringos y gallegos anarquistas”, habría dicho el militar al llegar al poder.
El escritor y periodista Roberto Arlt (1900/1942) presenció, como enviado del periódico El Mundo, el fusilamiento. El resultado de esa cobertura periodística fue una “aguafuerte porteña”, un relato imperdible titulado: “He visto morir…”, en donde el cronista logra transmitir, con maestría, la intensidad de los hechos.
La imagen fue un fusil llorando focaliza en la figura de Arlt como sujeto dramático y desarrolla los sentimientos y pensamientos que lo invaden, luego de haber presenciado ese acontecimiento, convertido en espectáculo mortuorio, al que fueron invitadas distintas personalidades, tales como generales, funcionarios y encumbrados personajes de la Buenos Aires de aquel entonces.

La imagen fue un fusil llorando focaliza en la figura de Arlt como sujeto dramático y desarrolla los sentimientos y pensamientos que lo invaden, luego de haber presenciado un acontecimiento intenso, convertido en espectáculo mortuorio.


En esa original línea de trabajo, el dramaturgo y director Julio Molina, logra crear un unipersonal profundo y bien ambientado, que construye un Roberto Arlt atravesado por la dura misión de procesar un hecho tan movilizador.
En ese contexto, el escritor, encarnado por Gabriel Fernández, se pregunta cómo hace un hombre para continuar con su vida, luego de ser espectador de una situación tan extrema. “Me vuelvo a morir todos los días en él”, expresa el periodista, en un relato orgánico, que implica el desdoblamiento y permite, como en un juego de espejos, mirar hacia adentro y hacia afuera, ver y verse y, a la vez, procesar, para luego transmitir.
Al ser un unipersonal, toda la expectativa y la atención están puestas en el único intérprete que lleva adelante la obra. Esta situación implica que el actor logre ponerse al servicio de lo que se quiere contar, valiéndose de todos los elementos posibles. El dramaturgo y director Julio Molina, logra crear un unipersonal profundo y bien ambientado, que construye un Roberto Arlt atravesado por la dura misión de procesar un hecho tan movilizador.
En este sentido, Gabriel Fernández, trabaja con una apostura corporal adecuada, encuadrado en un vestuario y escenografías convincentes, pero hay momentos desparejos, en los cuales el texto no es expresado de manera fluida. En esos pasajes en los cuales las pausas no se ubican en los lugares más adecuados del discurso, se pone en riesgo la credibilidad del decir y entonces puede cortarse el clima propuesto desde la impronta literario/periodística de la obra.
La imagen fue un fusil llorando es una propuesta original, surgida de una interesante idea: preguntarse por el después, por cómo muere un cronista cuando presencia la muerte, por cómo podría haber muerto Roberto Arlt luego de que se mezclara el grito último “¡E viva l’anarchia!” de Di Giovanni, con la ráfaga mortal de ocho tiros certeros.

La imagen fue un fusil llorando

Dramaturgia, puesta en escena y dirección: Julio Molina
Intérprete: Gabriel Fernández
Vestuario: Mercedes Arturo
Iluminación: Alejandro Le Roux
Diseño sonoro: Guillermina Etkin, Cecilia López y Manuel Sahores
Realización escenográfica: Eduardo Ramoni
Fotografía: Tatiana Sandoval
Diseño gráfico: Santiago Franzani
Asistencia de dirección: Ana Laura Urso
Prensa: Claudia Mac Auliffe
Producción ejecutiva: Hernán Casabella
Del Borde Espacio Teatral, Chile 630, ciudad de Buenos Aires, teléfono 4300-6201, domingos a las 20:00, localidades $ 35, jubilados y estudiantes $ 25.

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