Por María Gabriela García

Susana Torres Molina eligió diseccionar parte de la historia reciente argentina. Su idea, plasmada en tres escenas que suponen distintos espacios y tiempos, permite abrir el debate y la reflexión, dándole un giro inteligente y profundo a una temática conocida, pero que siempre vale la pena revisar.
En este caso, los años ’70, atravesados por historias de lucha y represión, aparecen desde la realidad de un hombre y una mujer militantes, que fingen ser pareja y deben guardarse en un hotel. Lo interesante de este caso, remite a que él está completamente convencido y comprometido con la causa y ella, con culpa y desesperación, se permite dudar. El quiebre y la entereza están en plena tensión y como telón de fondo aparece la literatura, el deseo de estudiar, de escribir, de acercarse al arte, como vida paralela, como remanso, como ideal desarrollable en un devenir, oscurecido por el acecho de la muerte.
Por otro lado, situada en el mismo tiempo histórico, aparece una escena ambientada en un centro clandestino de detención a cargo de la Marina. Allí se representa una de las situaciones que se registró en la ESMA, entre otros centros de tortura y exterminio, en donde los captores desarrollaron relaciones ambiguas con detenidas escogidas, con las cuales mantuvieron relaciones “afectivas”, salidas nocturnas y familiares, extremando la perversidad y la sumisión. En este caso, aparecen representadas dos personalidades diferentes de represores y se deja entrever cierta vulnerabilidad en su accionar.
La obra invita a alejarse de los estereotipos y nos muestra a los militantes románticos y decididos y también a los que temen morir y miden consecuencias, a los detenidos esclavos y a los que al mismo tiempo se sobreponen para aferrarse a la vida.
El tercer relato transcurre en el presente y despliega la entrevista que mantiene un periodista, hijo de un desaparecido, con una escritora que estuvo detenida un tiempo durante la dictadura y que luego tuvo la posibilidad de salir del país y exiliarse. La sospecha sobre cómo y por qué logró sobrevivir sobrevuela la charla, como así también la inquisición constante por parte de un hijo que busca tener datos sobre su padre y reconstruir su propia identidad.
Planteados así los casos, se desarrolla una muy oportuna alternancia en el relato, algo que se puede lograr a partir de la amalgama de la acción con el espacio escénico: una sala alargada, escenográficamente preparada para albergar a tres historias, con los objetos justos, con el vestuario adecuado, nada interfiere con el relato, con la interpretación, que está en un lugar de preeminencia, logrando gran acercamiento con el público.
La propuesta incluye subtemas que enriquecen la historia, como por ejemplo el ensañamiento con detenidas judías y la plasmación literaria de la memoria, entre otros. De esta forma se construye una obra sumamente interesante, en la que se destacan los intérpretes de los cuadros ubicados en los años ’70, es decir, los dos militantes y la detenida y sus dos captores. El dueto que se encarga de representar el tiempo presente mantiene algunos pasajes artificiosos desde el trabajo con el texto. La obra permite acercarse a los sobrevivientes culposos y a los que intentan convertir el infierno en cielo artístico, a los que buscan y a los que encuentran, aunque no les guste lo que hay por encontrar.
Esa extraña forma de pasión invita a alejarse de los estereotipos. La obra nos muestra a los militantes románticos y decididos y también a los que temen morir y miden consecuencias, a los detenidos esclavos y a los que al mismo tiempo se sobreponen para aferrarse a la vida, a los sobrevivientes culposos y a los que intentan convertir el infierno en cielo artístico, a los que buscan y a los que encuentran, aunque no les guste lo que hay por encontrar.
Las historias se cruzan, los personajes pueden ser identificados como individuos, pero a la vez como sujetos sociales que condensan sujetos colectivos. La obra deja en claro que la historia no siempre la escriben los que ganan y en este caso hay mucho por escribir.
Esa extraña forma de pasión
Autora y directora: Susana Torres Molina
Intérpretes: Béla Arnau, Fiorella Cominetti, Pablo Di Croce, Emiliano Díaz, Adriana Genta, Gabi Saidón y Santiago Schefer
Diseño de luces: Santiago Botet
Realización escenográfica: Eduardo Manfredi
Asistencia de dirección: Diego Frontera
Prensa: Daniel Franco y Paula Simkin
Producción: Sonia Caligo
Teatro El Desguace, México 3994, ciudad de Buenos Aires, teléfono 3966-8740, jueves a las 21:00, localidades $ 40.
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