Por María Gabriela García
La escritora Clarice Lispector (Ucrania, 1920/ Brasil, 1977) logró publicar la novela Cerca del corazón salvaje cuando tenía 21 años. El texto había sido escrito dos años antes y respondía a un planteamiento revolucionario para la época: la posibilidad de llevar adelante un amor de tres, entre un hombre y dos mujeres, con convivencia y descendencia compartidas.
La misma juventud de Lispector, que siendo adolescente escribió sobre una adolescente, introduciendo algunos elementos autobiográficos, está plasmada en Corazones salvajes, una versión libre de la novela, creada por la directora Verónica López Olivera, que incorpora los personajes principales y algunas de las acciones del libro, recreando los laberintos afectivos de tres jóvenes.
El personaje de Juana, la heroína de Lispector, encarnado por Eugenia Blanc, permite acercarse a cierto desparpajo, tan inocente como macabro, que oscila entre la patología y una racionalidad potente, que desafía el orden establecido. La interpretación es despojada, atravesada por una encriptada lógica en la que el deseo es el motor de cada impulso.
Lidia (Johanna González Novarín), que en la obra de teatro ocupa un rol equilibrador, compone con credibilidad y sin hipocresías, la manera más convencional de mirar el mundo. Sin embargo, aborda un pasaje muy dramático, que atraviesa levemente el límite del exceso.La misma juventud de Clarice Lispector, que siendo adolescente escribió sobre una adolescente, introduciendo algunos elementos autobiográficos, está plasmada en Corazones salvajes, una versión libre de la novela, creada por la directora Verónica López Olivera, que incorpora los personajes principales y algunas de las acciones del libro, recreando los laberintos afectivos de tres jóvenes.
Por su lado, Octavio, el sujeto/objeto del deseo de ambas mujeres, logra transmitir, en la interpretación de Matías Labadens, la posibilidad de llevar adelante una vida sin toma de conciencia, la reiteración de una conducta por algunos cuestionable, la imposibilidad de elegir, si es que hay que elegir.
La obra de teatro, atrapa por su tema, pero promediando la progresión dramática cae en una extrema elipsis de la novela, en una seguidilla de idas y venidas. De esta forma pierde la contundencia que había alcanzado.
La puesta trabaja con tres espacios, haciendo hincapié en la estructura triangular de la trama y destaca dos universos bien marcados. El de Juana, condensado en una cama, con toda su carga sexual, que dispara hacia una residencia poblada por animales y vegetales, una experiencia amigable y positiva, que luego se transforma en lo contrario. Y por su parte, el universo de Lidia, una artista plástica, que plasma en su obra sus sentimientos más pomposos, pero que vive una extrema sencillez, muy bien representada con sus pequeños elementos: una valija, un banco, papeles de diarios y ropas harapientas.
Octavio no tiene un lugar específico, es tan omnipresente como sus mujeres quieren que sea. Habita todos los espacios y si hay que representarlo, se lo concretiza con una pila de libros, que responde a una carrera que no lo apasiona (Derecho, en la novela), con la que no está comprometido y que en un principio lo agobia tanto como su situación amorosa posterior.
Corazones salvajes, una obra que permite acceder a regiones oscuras y luminosas del alma de tres jóvenes capaces de todo.
Corazones salvajes
Sobre textos de: Clarice Lispector
Texto y dirección: Verónica López Olivera
Intérpretes: Eugenia Blanc, Johanna González Novarín y Matías Labadens
Vestuario: María Eugenia Roveda
Escenografía: Sol Soto
Diseño de luces: Valeria Junquera
Fotografía y diseño gráfico: Sol Schiller
Asistencia técnica: Alana Ferrari
Asistencia de dramaturgia: Juan Ruy Cosin
Asistencia de dirección: Natalia Epelbaum
Prensa: Julia Laurent
La Carpintería, Jean Jaures 858, Ciudad de Buenos Aires, teléfono 4961-5092, sábados a las 23:30, localidades $ 30.
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