Por María Gabriela García
Tres parejas viajan para pasar un fin de semana en una localidad balnearia. Una charla de boliche, regada con alcohol, es el telón de fondo para que la realidad de cada personaje se coloque en primer plano.
Mayra, interpretada certeramente por Lorena Vega, está en pareja con Rafael (Edgardo Castro), un exitoso empresario. La floreciente situación económica contrasta con un profundo desencuentro: ella quiere tener un hijo y él no. Mayra no concibe la posibilidad de separarse. Un hilarante, y a la vez descarnado razonamiento, la hace quedarse al lado de este hombre, con toda la intención de revertir sus esquivas ganas de ser padre.
Sofía (Natalia López), brilla en un emprendimiento comercial relacionado con la moda, mientras que Raúl (Toni Ruiz), su novio español, resiste con dificultad, en un negocio que parece no tener remedio. El desarraigo de él y el deseo de casarse de ella, fluctúan en el medio de una relación en la que lo no-dicho ensombrece gran parte de la historia.
Sebastián (Federico Liss) conoció hace muy poco tiempo a Ana (Paula Manzone), que es la más chica del grupo. Sebastián está apurado y quiere recalar en esa mujer, pero ella no tiene muy claro lo que desea y prefiere ir más despacio, conociendo el terreno que pisa. Sebastián siempre fue tildado de inmaduro, pero si bien profundiza en ese estigma, desafiando a sus amigos, acepta el mandato social y fuerza una relación que lo lleva a aburguesarse.
El espacio oscuro que circunda a los personajes y a los pocos elementos que ofician de decorado, genera una importante amplitud, una profundidad inconmensurable, un mar de posibilidades desde el cual emergen las historias y sus complejidades.
La manera elegida para narrar estas historias propone un original juego de luces y sombras, logrado con linternas manejadas por los mismos actores. El espacio oscuro que circunda a los personajes y a los pocos elementos que ofician de decorado, genera una importante amplitud, una profundidad inconmensurable, un mar de posibilidades desde el cual emergen las historias y sus complejidades.
Con diálogos muy fluidos, se logra una realista representación de una generación de treinta y pico, con dudas, deseos, concreciones y desencuentros. De esta forma, la propuesta de Alejandro Catalán, que no esconde el artificio que implica el hecho actoral, genera precisas identificaciones y reactualiza en los espectadores sentimientos y conductas, que dan para el debate.
Con actuaciones muy creíbles, los intérpretes atraviesan distintos estados y se sacan la máscara, uno a uno, en momentos de extremo intimismo.
Con diálogos muy fluidos, se logra una realista representación de una generación de treinta y pico, con dudas, deseos, concreciones y desencuentros.
Amar, un espectáculo que se mueve al ritmo de las olas de un mar profundo, tan apacible, como violento, en el que todos nadamos alguna vez.
Amar
Intérpretes: Edgardo Castro, Federico Liss, Natalia López, Paula Manzone, Toni Ruiz y Lorena Vega
Vestuario: Ana Press
Iluminación: Alejandro Catalán y Matías Sendón
Diseño sonoro: Bruno Luciani
Realización escenográfica: Mariano Sivak
Musicalización: Bruno Luciani
Operación de sonido: Bruno Luciani
Fotografía: María Sábato
Diseño gráfico: Verónica Rositto Gritt
Asistencia artística: Felicitas Kamien
Asesoramiento musical: Sergio Catalán
Asistente de producción: Jorge Eiro
Asistencia de dirección: Rita González
Prensa: Claudia Mac Auliffe
Dirección: Alejandro Catalán
Camarín de las Musas, Mario Bravo 960, Ciudad de Buenos Aires, teléfono 4862-0655, jueves y viernes a las 23:15, localidades $ 45, jubilados y estudiantes $ 35. 26/09/11 a las 15:00 y 28/09/11 a las 16:00 (VIII Festival Internacional de Buenos Aires FIBA).
Calificación:     
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