Ala de criados
Lo que surge de la inacción

Por María Gabriela García

La acción transcurre en enero de 1919, durante la Semana Trágica. Tres primos, Tatana, Emilito y Pancho, pertenecientes a una familia adinerada y poderosa, son mandados por su abuelo, el Tata, a su residencia de Mar del Plata.
La idea es resguardarlos de los disturbios que se desarrollan en Buenos Aires, producto de los reclamos de los obreros del incipiente proletariado urbano. Las ideas anarquistas y marxistas, amplificadas por la concreción de la Revolución Rusa (1917) generan terror en la clase dominante, que teme perder su posición de poder.
En ese contexto, los tres jóvenes se encuentran sin hacer nada, en una coqueta ciudad balnearia, abandonados totalmente al ocio. Mauricio Kartun, autor y director de la obra, pensó en trabajar con personajes chejovianos, aquellos que se encuentran detenidos en el tiempo, sin demasiada actividad, con ciertos rasgos de aislamiento, mientras las cosas suceden en otro lugar, logrando crear una atmósfera opresiva, en la que la acción se desencadena en parte, por la desidia, la indolencia y la frivolidad.
En esta línea de trabajo, se incluye el hecho de que los primos sean nietos de quien preside el Pigeon Club, que se dedica al tiro a la paloma, una institución histórica en Mar del Plata, que funcionaba en el Torreón del Monje.
A ese elemento, se le sumó la atracción de autor por la Semana Trágica, sus investigaciones sobre el tema y su profundo interés por desentrañar momentos clave en la historia argentina.

Mauricio Kartun pensó en trabajar con personajes chejovianos, aquellos que se encuentran detenidos en el tiempo, sin demasiada actividad, con ciertos rasgos de aislamiento, mientras las cosas suceden en otro lugar, logrando crear una atmósfera opresiva, en la que la acción se desencadena en parte, por la desidia, la indolencia y la frivolidad.


Al igual que en El niño argentino, que ahondaba la relación de un ‘niño bien’ y un peón de estancia, Kartun bucea en las relaciones humanas individuales, para luego proyectar hacia fenómenos sociales.
En Ala de criados, se muestra el advenimiento de la clase media, desde la interacción de los tres primos y Pedro, un empleado de origen italiano, que se dedica a proveer las palomas para el juego. Pedro ocupa el ‘ala de criados’, pero se encarga de aclarar que no es sirviente, que sólo está de prestado en las dependencias de servicio. En ese contexto, el personaje despliega sus estrategias con el fin de agradar y cumplir con el Tata, motivado por el provecho económico.
Pero la operación no es tan sencilla, el deseo de enriquecerse, de poder progresar junto con su familia, implica que Pedro se acerque a la clase dominante y la tenga como referente, que trate de imitar sus consumos y que asuma sus acciones defensivas, sus resistencias para no perder el poder y de esa forma se desclase y se convierta en un híbrido, ubicándose en un territorio ambiguo, funcional a la elite.
Esa dualidad de la clase media, esa posibilidad de movimiento, de división, que hace que haya un sector progresista, que pueda identificarse con los reclamos de los obreros, mientras la otra mitad se une a la aristocracia, aparece retratada en Pedro y sus acercamientos y alejamientos de los primos. La violencia que nace de la inacción, el placer por la tortura y la destrucción, permiten que el espectador acceda a un retrato, en donde las causas del presente de la Argentina parecen aclararse desde un hecho casi anecdótico, en un relato que irradia una explicación posible.
Cada uno de los personajes es rico en sí mismo y se retro-alimenta en la interacción. Laura López Moyano, interpretando a Tatana, funciona como narradora y tiene rasgos jerárquicos, en un juego que la convierte en actriz/directora de la puesta. Su personaje, la más masculina de todos los primos, atraviesa diversos estados, de fortaleza y vulnerabilidad. Ella maneja cuestiones tales como saberse fea e iniciarse en la vida sexual, sin caer en laberintos románticos. Ella tiene otro tipo de sentir, teñido por su inteligencia y su certeza de saberse poderosa.
Junto con Alberto Ajaka, que interpreta a Pedro, logran momentos de gran intensidad dramática, en los cuales el humor sarcástico está presente en su justa medida.
La torpeza de Emilito, que luego se transforma en sadismo, junto con la homosexualidad escondida de Pancho, aportan complejidad a la trama.
El tema del lenguaje, con sus figuras retóricas y conceptualizaciones literarias está presente durante toda la obra. Hablar de la utilidad de las metáforas y del naturalismo de Émile Zola, por ejemplo, son parte constitutiva de Ala de criados, con múltiples referencias a elementos de una cultura ilustrada que se despliega junto con la sabiduría popular de Pedro, proveedor de divertimento para los integrantes de la clase dominantes, aburridos por tanto hastío e inacción.
La violencia que nace de la inacción, el placer por la tortura y la destrucción, permiten que el espectador acceda a un retrato, en donde las causas del presente de la Argentina parecen aclararse desde un hecho casi anecdótico, en un relato que irradia una explicación posible.
Ala de criados, una joya textual, con interpretaciones para el recuerdo.

 

Ala de criados

Autor y director: Mauricio Kartun
Intérpretes: Alberto Ajaka, Esteban Bigliardi, Rodrigo Gonzáles Garillo y Laura López Moyano.
Escenografía: Graciela Galán
Iluminación: Alejandro Le Roux
Diseño de movimiento: Luciana Acuña
Diseño de sonido: Guillermo Juhasz
Asistente de escenografía: Valeria Cook
Asistente de vestuario: Julia Kovadloff
Asistente técnico: Alan Darling
Operador técnico: Juan Manuel Noir
Prensa: Simkin & Franco
Asistente de dirección y vestuarista: Gabriela Fernández
Teatro del Pueblo, avenida Roque Sáenz Peña 943, teléfono 4326-3606, viernes a las 21:00 y sábados y domingos a las 20:00, localidades $ 6, $ 300. Martes 27/09/11 a las 16:00 y 19:00 horas (VIII Festival Internacional de Buenos Aires FIBA).

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