Por María Gabriela García

“Esta es una obra del futuro”, describe alguien del público, que repite lo que una voz le dice desde auriculares. Es una obra del futuro porque trata sobre la muerte, algo que nos va a suceder a todos y todas, tarde o temprano. Esa es la única certeza que tenemos, la única certeza de la obra, el resto es la apasionante búsqueda, el escarpado recorrido, el viaje, con o sin escalas, las versiones de la historia.
Pero, lejos de apelar a golpes bajos, ni sensiblerías, el grupo Krapp, que trabaja desde el año 2000 y reúne a bailarines, actores y músicos, creó un espectáculo que profundiza sobre cómo se representa la muerte, si es posible verbalizar un tema como ese y desde dónde existen otras posibilidades que nos permitan abordar la causa más profunda de la angustia humana.
En principio aparecen preguntas y respuestas. Diferentes personas atrapadas por el ojo detrás de la cámara, contestaron y ahora están ahí, frente a nosotros dando testimonio. Accedemos, entonces, a los pensamientos de un grupo heterogéneo que se presta a imaginar la propia muerte, a explicar si alguna vez la vieron, a describir cómo era.
Lejos de apelar a golpes bajos, ni sensiblerías, el grupo Krapp, que trabaja desde el año 2000 y reúne a bailarines, actores y músicos, creó un espectáculo que profundiza sobre cómo se representa la muerte.
Y luego nos metemos en los cuadros, en la consecución de pasajes muy distintos, que involucran la danza, la música, la actuación. Con humor, ironía y un tono, por momentos, desganado, los integrantes del grupo Krapp analizan el trabajo del otro.
Esa estética que desnuda las condiciones de producción, no escatima al recorrer el territorio de la duda, de la opinión. Repito, la única certeza es que la muerte vendrá por nuestras osamentas uno de estos días, todo lo demás son versiones de una historia, tan personal como colectiva.
Es original el trabajo que relaciona la acción y el texto que aparece en pantalla. Un juego anticipatorio permite la disección de las partes que componen el espectáculo y para eso hay que estar un poco vivo, no del todo muerto. Y acá eso está sobredeterminado, ya que la única intérprete femenina está embarazada.
El texto, por momentos, funciona ocupando el lugar del público, alguien no especializado que se pregunta si hay una técnica que sostenga determinado movimiento o si lo hace cualquiera y listo. Es una obra del futuro porque trata sobre la muerte, algo que nos va a suceder a todos y todas, tarde o temprano. Esa es la única certeza que tenemos.
Y luego aparecen escenas, muy bien interpretadas, en las cuales lo gutural reemplaza por completo a las palabras, mientras se prepara para aparecer un “robotito” tan tierno como inanimado. Y también la lucha, el enfrentamiento y la variedad de posibilidades que tiene una persona para zafar de la muerte, si eso es posible, claro. Y un “fulbito” y un caballo, que te lleva tan lejos y tan cerca, a ese lugar adonde van los muertos.
Adónde van los muertos (lado B)
Creación e interpretación: Luciana Acuña, Gabriel Almendros, Luis Biasotto, Edgardo Castro y Fernando Tur.
Coreografía y dirección: Luciana Acuña y Luis Biasotto
Música original en vivo: Gabriel Almendros y Fernando Tur
Escenografía: Mariana Tirantte
Asistente coreográfico: Gonzalo Córdoba Estévez
Iluminación: Matías Sendón
Dirección video y montaje: Alejo Moguilansky
Asistencia video: Santiago Esteves
Sonido video y sonido en vivo: Rodrigo Sánchez Marino
Iluminación video: Agustín Mendilaharzu
Prensa: Claudia Mac Auliffe
Espacio Callejón, Humahuaca 3759, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, teléfono 4862-1167, martes 27/09/11, 14 horas (VIII Festival Internacional de Buenos Aires FIBA).
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